Con técnicas ancestrales, un horno de leña y el trabajo en equipo de tres generaciones, Martín García y Adán Garcia mantienen viva una de las tradiciones gastronómicas más emblemáticas de Tenancingo.
El calor que emana del horno de leña se siente desde la entrada de la vivienda. En San Miguel Tecomatlán, una comunidad famosa por su maestría panadera, el aroma a harina horneada y leña encendida anuncia la llegada de una de las festividades más esperadas del año: el Día de Muertos. Aquí, Adrián García Castillo y Martín García Beltrán continúan con orgullo un legado que supera ya los 50 años de historia.
Ellos representan la tercera generación de una familia dedicada a la elaboración artesanal del pan de muerto. La tradición comenzó con los abuelos, pasó a manos de sus padres y hoy se mantiene viva a través de ellos y de sus hijos, garantizando que el oficio se transmita a las nuevas generaciones.
La magia ocurre en un espacio íntimo: un amasijo pequeño donde unas cinco o seis personas unen esfuerzos para dar vida a cada pieza. La jornada se divide con precisión y armonía comunitaria: mientras las mujeres moldean la masa entre pláticas, risas y chascarrillos que amenizan las largas horas de trabajo, los hombres se encargan de la labor más pesada: el manejo del horno.
A diferencia de la producción industrial moderna, en este taller no se utiliza gas. El pan se cuece lentamente con leña en un horno artesanal, una técnica ancestral que ha prevalecido intacta a través de las décadas y que le otorga a cada pieza un aroma, textura y sabor inconfundibles.
»Nos sentimos profundamente orgullosos de esta tradición. Son más de 50 años de historia familiar metiendo las manos en la harina y manteniendo vivo el horno de leña que nos dejaron nuestros abuelos», comparten los artesanos.
El volumen de producción durante estos días de temporada alta es considerable. El pan de muerto elaborado por la familia García no solo abastece a los vecinos que acuden directamente al taller a comprarlo recién horneado, sino que también llega a diversos rincones de la entidad.
Su producto se distribuye en:
Centrales de Abastos de Toluca, Municipios del Valle de Toluca.
En San Miguel Tecomatlán, el pan de muerto es mucho más que un alimento para las ofrendas: es el reflejo del trabajo duro, la unión familiar y la identidad cultural que se niega a desaparecer con el paso del tiempo.
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